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Atendiendo a la invitación que le hizo un amigo, Oscar Lobo planificó irse a México de vacaciones. Tenía la intención de conocer las pirámides de Teotihuacan y los museos de la Ciudad de México. La estadía no iba a ser mayor a 12 días.

Él había escuchado que en los principales aeropuertos del país los funcionarios de migración le habían negado la entrada a muchos venezolanos, colombianos y ecuatorianos, así como a los centroamericanos. Ante la cantidad de denuncias sobre la actuación de los agentes hacia estos ciudadanos, el joven llevó consigo una carta de invitación del pariente que lo iba a recibir, pasaje de ida y vuelta y 500 dólares.

El 4 de octubre de este año a las 10:00 p.m. Oscar partió en un vuelo de Avianca desde Bogotá al país azteca. A las 3:00 a.m. arribó al aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México. En el avión llenó sin problemas la tarjeta de visitante y cuando se la entregó a la funcionaria de migración, la mujer arrugó el rostro. Comenzó con el interrogatorio: qué iba a ser en México, dónde y con quién se iba a quedar, los datos de la persona que lo iba a recibir, la carta de invitación y cuánto dinero disponía, así como el boleto de regreso a Colombia, país donde reside desde hace 4 años.

Oscar contestó las preguntas con seguridad. No tenía nada que ocultar, pero su testimonio y las pruebas que le mostró no fueron suficientes. Fue llevado a una sala de espera. Allí se congregaban 15 personas más entre colombianos, ecuatorianos y peruanos. Mujeres con niños en brazos y familias enteras que se preguntaban por qué los habían retenido. Él era el único venezolano. En la sala no se cumplían las condiciones mínimas de prevención de la pandemia. No se respetaba la sana distancia, ni tampoco había sanitizantes. Los frascos de gel antibacterial brillaban por su ausencia.

“Nos dieron una hoja para que respondiéramos un test parecido al cuestionario anterior. Las respuestas fueron las mismas. No hubo contradicciones. Al rato se me acercó una agente y me preguntó: Cuántos dólares llevas? Le respondí: traigo 500, de los cuáles 100 en efectivo y otros 400 en tarjetas”, detalla.

La mujer le contestó: “casi no traes dinero” y se marchó. A las 6:00 a.m. llamaron a Oscar para someterlo de nuevo a una entrevista. El agente que lo interrogó era un hombre de facciones grotescas, de baja estatura, con un tono de voz fuerte. Le preguntó lo mismo que la primera funcionaria que lo abordó. Al finalizar la ronda de preguntas y respuestas, se marchó y dejó a Oscar junto a otras 5 personas más.

Al cabo de unas horas se les acercó otro agente y les dijo: “ustedes no son aptos para ingresar a México”. En ese grupo había una mujer colombiana, de Cúcuta, que le dijo a uno de los agentes, disculpe: “yo solo vengo a México a comprar mercancía. De hecho, entro y salgo del país constantemente. Por favor déjeme ingresar”.

Las súplicas no fueron escuchadas. Los llevaron a otra habitación mal oliente. Había tres literas y cámaras de seguridad por doquier. “Tomé una colchoneta, me acosté sobre ella e intenté asimilar lo que estaba pasando. Las horas transcurrían y no sabía cuándo lo regresarían a Colombia. Los custodios no me hablaban. Nos dieron comida de parte de la aerolínea que nos trajo, pero no tenía apetito, no me entraba nada. Le pedía a los custodios que por favor me permitieran llamar a mis familiares porque nos tenían incomunicados”, cuenta.

Los ruegos conmovieron a uno de los funcionarios de custodia que por unos minutos le prestó el teléfono. Llamó al amigo que lo iba a recibir en México, le explicó que no lo dejaron entrar y, que estaba a la espera de su regreso. “Sentía que estaba preso sin haber cometido un delito. Las horas transcurrían y no sabía si era de día o de noche porque nos despojaron de manera preventiva de nuestras pertenencias”, explica.

Al día siguiente le notificaron que abordarían un vuelo de retorno a Colombia. A las 6:00 a.m. embarcó junto a otras 24 personas más que dejaron retenidas. Su pasaporte se lo entregaron en el avión. De regreso, solo se escuchaba el llanto y palabras de impotencia de aquellas personas que no pudieron ingresar. Algunos que iban a vacacionar y tenían reservaciones en hoteles, se les arruinaron los planes, mientras que otros que tenían la intención de refugiarse para mejorar su calidad de vida no pudieron hacerlo.

El tema de las devoluciones en el aeropuerto no es nuevo. Habían pasado meses sin reportarse casos de este tipo por la pandemia que mantuvo clausurados los aeropuertos. Este episodio se suma al de tantos denunciados que no han tenido respuesta de parte de las autoridades.

Según datos estadísticos de la Unidad de Política Migratoria, Registro de e Identidad de Personas, durante el año 2018 fueron devueltas 115.686 personas en México. De esa cantidad, 93 eran de nacionalidad venezolana. En 2019, el número de personas no admitidas en el país azteca se incrementó a 149.812. De ellos, 87 eran venezolanos.

De acuerdo con un informe de la Secretaría de Gobierno, de enero a agosto de 2020, fueron devueltos 36.589 migrantes. La mayoría provenientes de Guatemala, El Salvador y Honduras.

Liz Marilyn Torres, presidenta de Consejo Internacional Sumando Venezuela, desde el año 2016 ha documentado a 182 personas que fueron devueltas en el aeropuerto de Cancún, entre venezolanos, ecuatorianos y colombianos. La venezolana Martina González, fue víctima de maltrato por parte de los funcionarios de migración, cuando intentó ingresar a Cancún para vacacionar con su familia en diciembre de 2018.

Cuenta Martina que una funcionaria de migración le dijo: “tú crees que te voy a creer que vienes de vacaciones en familia? Todos los venezolanos vienen a quedarse ilegalmente”. Martina junto a sus tres hijos durmieron en un cuarto mínimo durante dos días, junto a otros tantos. Algunos tenían colchonetas. Ella no alcanzó a tener una para al menos descansar. “Nos negaron todos nuestros derechos, nos humillaron, no pudimos llamar a nuestros familiares para avisarles, perdimos las reservaciones del hotel. Fue una pesadilla hasta que pudimos regresar a Colombia”.

Rechazo sin fundamento

Para el abogado migratorio Gabriel Mares, no están claras las facultades de la Dirección General de Control y Verificación del Instituto Nacional de Migración, pues las actas de rechazo que levantan no tienen una explicación detallada que justifiquen las devoluciones. Según el artículo 37 de la Ley de Migración para internarse en México solo se requiere pasaporte vigente, la visa que acredita la estancia. En el caso de los extranjeros que viajan al país de visita, el artículo 60 del Reglamento de Migración, solo estipula el pasaporte vigente, el motivo y tiempo de estadía.

“Los funcionarios incurren en abusos: ofenden, dejan incomunicados a los inadmitidos y tampoco disponen de una infraestructura adecuada para mantenerlos cómodos hasta que sean devueltos a sus países de origen. Sus derechos son vulnerados. Si bien hay que establecer controles en los aeropuertos para proteger al país de la delincuencia organizada, no hay razones que justifiquen los atropellos. No todo extranjero que aspira ingresar a México es delincuente”.

Según Mares los funcionarios de migración tienen una formación policial, persecutoria, en lugar de administrativa. Ellos son un apoyo en la parte de Seguridad Nacional, pero sus funciones son de orientación y control.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México está al tanto de la situación. Varias asociaciones civiles han consignado informes sustentados con testimonios y cifras de los afectados a esta instancia. Liz Torres, informó que el organismo se comprometió a realizar operativos sorpresa en los terminales aéreos y pasos fronterizos para evitar que se sigan cometiendo atropellos contra los extranjeros.

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