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El trámite del pasaporte venezolano lleva años convertido en un proceso tortuoso, desesperante y desgastante. Los más sortarios tardan meses en obtener la prórroga, otros tienen años a la espera de la extensión de la vigencia. Cada vez que los connacionales pasan por las embajadas de Venezuela en los países que los recibieron o consultan la página del Saime se topan con la misma respuesta: “aún no llegan las valijas”, “debes tener paciencia” y “el documento todavía se encuentra en fase de impresión”.

Ya Sharon Hernández perdió las esperanzas de que en los próximos meses obtendrá la prórroga de su documento de identidad. Ella está residenciada en México y hace cinco años se le venció. Desde ese entonces ha hecho tres intentos para renovarla pero han resultado infructuosos. La última diligencia la hizo en enero de este año. Pagó al Saime 100 dólares e invirtió otros 100 en la Embajada de Venezuela en México para concretar la entrega.

“La tramitación del documento quedó en el limbo. No sabe en qué estatus se encuentra la solicitud y no tendrá respuesta hasta nuevo aviso por la pandemia que mantiene suspendidos los vuelos internacionales”, explica. La falta del pasaporte le impide tramitar otras diligencias tan simples como una licencia de conducir y la apertura de una cuenta bancaria.

Antes del vencimiento del pasaporte ella tenía su cuenta pero fue sometida a un proceso de actualización. Cuando la llamaron para verificar sus datos personales se percató de que su documento de identidad ya se había vencido. La asesora bancaria le dijo: “no podemos renovar tu cuenta porque tu pasaporte expiró hace unos meses, lo siento”.

Habló con el gerente pero él no pudo ayudarla argumentando que es indispensable ese documento vigente. La residencia permanente que acreditaba su estancia legal en el país azteca tampoco lo convenció para la reapertura de la cuenta. Habló con personal de Recursos Humanos en su trabajo para que le pagaran la nómina por cheque. Durante un tiempo cobró bajo esa modalidad pero la empresa donde laboraba dejó de hacer pagos con este sistema.

“No tuve otra opción que decirle al jefe de RRHH que depositara mi quincena en la cuenta bancaria de mi esposo. Al poco tiempo me notificaron que no podían hacerlo porque mi cónyuge no trabaja en esa compañía y podría interpretarse como un manejo inadecuado del dinero destinado al pago de sueldos. No sabía qué hacer. Le pregunté al jefe: entonces, ¿Voy a trabajar sin cobrar?”.

A los días pudo abrir una cuenta gracias a una aplicación que no le exigía el pasaporte. El calvario no culminó allí. Cuando le tocó renovar su licencia de conducir se vio obligada a rogarle a uno de los funcionarios para tramitarla. “Me dijo: necesitamos su pasaporte vigente, le expliqué con angustia el drama que significa para los venezolanos sacarlo, cuando en países normales como México se tramita en un día. Al escuchar la historia el agente accedió pero le advirtió: “solo por esta vez se lo vamos a procesar”.

Los otros tres miembros de la familia de Sharon que viven en México tienen sus pasaportes caducados. A Diego, su hijo mayor, se le presentó la oportunidad de trabajar como modelo en Singapur. No pudo viajar a ese país por esta causa. “Mi hijo perdió ese chance porque estamos presos acá. No podemos salir”, dice.

La situación de Maritza Luzardo no es distinta a la de Sharon. Vive en Monterrey y tiene un emprendimiento de comida. Ha querido alquilar un local para fundar un restaurante. El obstáculo no es el dinero sino el pasaporte. De nada le sirve tener la residencia permanente si requiere ese documento vigente para rentar el establecimiento. “No he podido evolucionar con el negocio. Estoy trabajando desde la casa pese a que tengo mi carnet de residente permanente. Aquí sin pasaporte no vales nada, es como si no tuvieras identidad, como si no existieras”, comenta con impotencia.

Maritza ha querido iniciar el proceso de naturalización y tampoco ha podido. Está atada de manos. Países como Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Brasil y Ecuador han flexibilizado los trámites ante la cantidad de migrantes con pasaporte vencido. Sin embargo, México no figura en esa lista. El documento actualizado es vital para todo.

Hasta hace algunos meses, relata Maritza, un grupo de venezolanos recogió más de mil rúbricas en Monterrey para llevarlas al Congreso en aras de que se les permitiera hacer trámites sin que fuese obligatorio presentar el pasaporte vigente. “No se sabe si las firmas fueron entregadas. No nos informaron nada”, relata.

Luz al final del túnel

 

A nivel mundial se inició una campaña titulada SOS. Los Venezolanos en el Mundo Pedimos Soluciones y Nuevos Pasaportes Ya! Esta iniciativa consiste en la recolección de firmas dirigidas al Saime para solicitar la reforma y corrección del sistema de identificación que se encuentra en crisis. También se pide que el pago online sea seguro y rápido. Solicitan además de la agilización del trámite y la emisión de prórrogas por un período superior a dos años, que los pasaportes tengan vigencia de 10 años, como la cédula de identidad.

También en el documento los afectados plantean celeridad en el envío de la valija en la que se remiten los pasaportes y prórrogas. Hasta ahora se han recabado 22 mil 108 rúbricas de venezolanos radicados en más de 30 países.

Paralelo a ello, las organizaciones que apoyan a la diáspora venezolana en México han contabilizado más de cuatro mil criollos con pasaporte vencido, según los censos que han levantado. La cifra real puede triplicar la que tienen registrada. Por su parte, la asociación Apoyo a Migrantes Venezolanos inició un censo de condición de pasaportes venezolanos con el fin de buscar alternativas para los miles de paisanos que tienen dificultades para la apertura de cuentas bancarias y otros trámites.

La iniciativa, de acuerdo con July Rodríguez, representante de la ONG, se derivó de una reunión sostenida con miembros de la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados y la Asociación Bancaria Mexicana. Ellos solicitaron que se levantara una estadística sobre los ciudadanos afectados por el pasaporte. Hasta ahora lograron que los connacionales pudieran abrir una cuenta bancaria en Bancoppel. “La idea es que los bancos y otros organismos puedan flexibilizar los procesos de obtención de documentos y solicitudes de créditos”, indica la abogada.

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