https://espalante.com/wp-content/uploads/2017/11/1-5.jpg

Team Information

  • Designation: Emprendedor

Por: Natalia Matamoros

/// Hay decisiones que son difíciles de tomar. Hay personas que solo tienen dos opciones, que deben escoger entre seguir con su carrera o apostar a la familia.

Fernando Peña tuvo elegir entre continuar su lucha como diputado por la libertad de Venezuela, que entre otras actividades implicaba recorrer comunidades para escuchar las necesidades de la gente, y reencontrarse con su esposa y sus dos hijos que se habían marchado a México ante la crisis que atraviesa el país sudamericano.

Su esposa se había mudado en el año 2013 a Ciudad de México porque su hermana le propuso trabajar como representante de una firma de productos dermatológicos. Ella se marchó con sus dos hijos. Consiguió un apartamento modesto para instalarse e iniciar su nueva vida. Fernando los visitaba cada seis meses. Pero los viajes no solo implicaban un gasto presupuestario, también la distancia territorial amenazaba con fracturar el matrimonio.

“Me estaba perdiendo momentos únicos: salir con mis hijos, preparar comidas los fines de semana, verlos crecer, acompañarlos en sus actos académicos de fin de curso. Me estaba perdiendo vivir el día a día con mi esposa, de conversar, compartir tantas cosas. Ya necesitaba estar con ellos”, confiesa Fernando.

En diciembre tomó un vuelo a Ciudad de México para reunirse con los suyos. Separarse ya no estaba entre sus planes. Cuando pisó suelo azteca no solo tenía que buscar empleo, también debía lidiar con otros problemas: su hijo menor no lograba adaptarse al país, pese a que ya tenía dos años residenciado. No quería ir a clases. Me decía: “papá me quiero ir a Venezuela, vámonos, ya no quiero estar aquí”.

Pero la unión familiar contribuyó a que el hijo menor de Fernando superara poco a poco su tristeza y se adaptara a los cambios de una nueva ciudad, de una nueva cultura y comenzar a hacer amigos. Ahora había que conseguir un trabajo estable para contribuir con los gastos de la casa.

Fernando también es abogado y contador público. Para ejercer ambas carreras en en el país azteca debía prácticamente estudiar de nuevo. Ese lujo no se lo podía dar, tenía que trabajar. En Venezuela había hecho cursos de “Coaching” Empresarial. Esos conocimientos los puso en práctica y consiguió trabajo para capacitar el equipo de ventas de una distribuidora de Microsoft. El trabajo fue temporal.

Al finalizar el contrato un amigo le consiguió un nuevo empleo en el Grupo Salinas, uno de los más poderosos de México. Allí tuvo la responsabilidad de conformar el equipo de ventas de Internet y Telecomunicaciones. Este trabajo también fue temporal porque el sismo registrado en septiembre de 2017 causó daños en las oficinas donde él capacitaba. La estructura fue desalojada de forma definitiva y era imposible continuar los cursos bajo la modalidad de “home office”. Quedó sin trabajo de nuevo.

Al poco tiempo conoció a los dueños de Wuahoo, un grupo de venezolanos que organizan campamentos recreativos para niños. Ellos también querían emprender en el entretenimiento de adultos y reforzar la imagen de la empresa y lo contrataron, pero no era un empleo fijo, sino eventual. En paralelo, Fernando se compró una moto y se desempeñó como repartidor para contribuir con los gastos de la casa, que se habían incrementado. Llevaba documentos, comida, entre otros.

Recorría toda la ciudad en su vehículo de dos ruedas. Aunque podía sobrevivir, lo que hacía no le daba la estabilidad laboral que necesitaba y esto hizo mella en su estado de salud: sufría constantemente de crisis hipertensivas y depresión. En Venezuela tenía a sus hijos en colegios privados y vivía en una casa de 6 habitaciones.

Ahora tuvo que sacar a su hijo menor del colegio por falta de pago y vivir en un apartamento de 50 metros cuadrados. Su hijo mayor se vio obligado a trabajar para colaborar con los gastos.

“Fue un choque fuerte, es como si te estrellaras contra un muro, después de recorrer parajes pintorescos. Pero debía aceptar la realidad y por eso acudí al psicólogo y me decía: debes dejar atrás lo que fuiste en Venezuela y entender que iniciaste un nuevo camino. Atrás quedó tu vida como político, abogado y contador. Es tiempo de que te enfoques en nuevas oportunidades de crecimiento”, cuenta.

A explotar otras habilidades

Con su moto, fue uno de los pioneros en trabajar para Uber Eats y también incursionó en el negocio de ventas por redes, a través de planes de negocio por redes. Fernando también tenía habilidades gastronómicas y decidió montar su propio negocio: Como en Chacaito. Tenía un trailer donde vendía comida venezolana a buenos precios. El punto se llenaba no solo de paisanos, sino también de mexicanos porque también ofrecía tacos.

Cuando comenzaba a despuntar en este ramo y los problemas económicos ya no eran un dolor de cabeza. Su trailer fue remolcado, días antes de que se declarara la cuarentena en la ciudad. Aún sigue retenido por la Alcaldía hasta nuevo aviso.

Este nuevo revés no lo desanimó. En plena pandemia decidió seguir con el negocio con envíos a domicilio. Diariamente desde su casa prepara órdenes de hamburguesas como las de Plaza Venezuela y Chacaito, con abundantes ensaladas y salsas. También ofrece arepas, empanadas y otros platos criollos. El éxito ha sido rotundo. Ha vendido más que cuando tenía el trailer. Los pedidos le llueven y ha podido salir adelante.

“La migración es volver a nacer y he aprendido a valorar, a no desmayar frente a las dificultades y a mantener la esperanza”, dice.