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  • Designation: Ilustradora/ Artista plástica

Por: Natalia Matamoros

En el Paseo de La Reforma de la Ciudad de México se observa con insistencia a grupos de venezolanos tomándose fotos frente a uno de los Mexicráneos, que forma parte de la exposición más importante de arte urbano del país. Cuando le preguntas a la gente ¿por qué se toman tantas gráficas frente a esa obra en particular? Responden: por dos razones. La primera es que la autora de esa pieza es venezolana y la segunda es la contundencia del mensaje que expresa y que más de uno se siente identificado.

La autora, Camila de La Fuente, conocida también por su firma @camdelafu, forma parte de esos 6 millones de venezolanos que en los últimos años salieron del país suramericano en busca de nuevas oportunidades para crecer. Ella quería crecer como artista plástica y lo está logrando, gracias a su perseverancia, combinada con su talento innato. Desde que era una niña tuvo una estrecha relación con el pincel y la paleta de colores, sin haber cursado estudios académicos de pintura. Antes de mudarse a la Ciudad de México, había trabajado como ilustradora en varios medios de comunicación en Venezuela.

Sus habilidades como ilustradora, su sentido crítico y capacidad de análisis de la realidad venezolana le abrieron camino en la prensa independiente nacional. Sus trabajos estuvieron inspirados en las protestas estudiantiles en las que pedían a gritos la salida de Nicolás Maduro y el restablecimiento de la democracia. La crisis en Venezuela en 2014 comenzó a agudizarse y las esperanzas de salir adelante se diluyeron ante la devaluación, la inseguridad, el desabastecimiento de los productos básicos y la hiperinflación. Las oportunidades de forjarse un futuro promisor en el país eran cada vez más remotas.

Este panorama desalentador motivó a Camila a acariciar la posibilidad de irse del país. México fue su opción. Allí la recibiría su familia y tenía la posibilidad de abrirse campo en las artes plásticas. “México es un país que invierte en la cultura, que apoya las manifestaciones artísticas, que las exposiciones colectivas son cotidianas, que a las nuevas promesas las apoyan con becas para que desarrollen su talento”, sostiene.

En la capital del país azteca se estableció y consiguió una beca para estudiar Periodismo en la Universidad Anáhuac. También hizo cursos de pintura y un Diplomado en la Universidad Nacional Autónoma de México sobre cómo contar una historia a través del arte. Mientras cursaba su carrera trabajó como ilustradora para el diario El Universal de México, la revista Rolling Stones, Te lo Cuento, entre otros. A la par le daba rienda suelta a su creatividad en sus lienzos. En sus obras predominaban los colores cálidos y sus conceptos eran más sociales que políticos. “Pero quería ir más allá, no quería encasillarme en la caricatura crítica, quería exponer en espacios físicos, ver cómo la gente interactúa con las obras, se identifica. Con las ilustraciones en periódicos y revistas y me fui dando a conocer y poco a poco me he involucrado con artistas que aprecian mi trabajo y me han ofrecido participar en exposiciones”, cuenta.

Pieza que llama a la reflexión

Así fue como logró participar en la edición Mexicráneos 2021. Para ella ha sido un sueño hecho realidad. Su obra destaca entre otras 24 calaveras no solo por ser la única venezolana, sino también por el tema que aborda. Su cráneo de  fondo amarillo, muestra a varias personas:  un tenista, un taquero, jardinero y hasta un organillero de esos que caminan por el Centro Histórico de México, sumergidos, embobados en sus celulares. La propuesta que sin dudarlo fue aprobada por los organizadores del evento, pretende mostrar cómo los seres humanos han dejado de disfrutar momentos especiales por estar conectados al celular, a las redes sociales. “Es una crítica con la que muchos se identifican. A mí me ha pasado, he dejado de apreciar las cosas lindas de la vida, un paisaje, un momento especial, por estar pegada al teléfono. Acá simplemente planteo la muerte de la conexión humana, de esos episodios donde salíamos a compartir con amigos, con la pareja, sin estar pendiente del mensaje de Whatsapp, del Instagram, del Facebook. Por eso la titulé: Ausentes”, expresa.

 

Su pieza ha sido fotografiada por cientos de personas. Algunas contaban que se veían reflejadas allí, y que  los sacudió y los invitaba a la reflexión. Una visitante se atrevió a decir: “Ahora entiendo por qué mi pareja siempre me dice: – deja de estar metida en las redes y mira el paisaje, lo que tienes a tu alrededor. Suelta ese teléfono por un momento”. Esos son los mensajes que transmiten este tipo de creaciones, que  llegan a la gente, que tocan fibra y en este caso los exhorta pensar y en muchos casos a cambiar.

Camila no tuvo mucho tiempo para pintar la obra. Una vez que los organizadores aceptaron su tema, tuvo que acelerar el paso. Empezó los trazos dos semanas antes de la inauguración de la muestra. Estuvo 40 horas dándole forma a las figuras en una especie de taller que fue habilitado para que los participantes dieran rienda suelta a sus pinceles. Allí también pudo conocer a expositores, compartir ideas y hasta sugerencias. Cuando su cráneo fue exhibido por primera vez en Reforma, no pudo contener la emoción. Fue una de las primeras en visitarlo, no dejaba de fotografiarse. No podía creer que su pieza estuviera allí,  junto a la de otros artistas consagrados. “Estoy aquí, lo logré”, decía.

Su cráneo fue mudado y ahora decora la gigantesca ofrenda del Día de Muertos, instalada en el Zócalo. Su trabajo no se detiene, Camila sigue creando. Hace unos días inauguró una muestra en una galería en San Miguel Allende. Allí hace un recorrido por el pasado. “En sus lienzos pintados de colores cálidos rememora su llegada y su recibimiento en la Ciudad de México. Mis pinturas se basan en la psicología del color, lo uso para expresar emociones. Cuando quiero hablar de calidez, como en esta exposición, empleo tonos naranja y rojo.  Suelo usar el azul para manifestar la paz que se respira en algún lugar, comenta.

Aunque es migrante y extraña el país que la crió, su mudanza la ve como una oportunidad de aprendizaje, de explorar nuevas culturas, de conocer y aprender el abanico artístico que le ofrece el país de acogida. “Veo a México como el chance de convertirme en una artista integral, de estudiar a Diego Rivera, su gráfica, su crítica y cómo educaba a través de sus obras. Por ejemplo, al ver los cuadros de Frida puedo percibir su dolor por la discapacidad que la postró en una cama, y así con cada una de estas referencias. De eso se trata este proceso de cambios. Este país me abrió las puertas a un universo gráfico distinto”.