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  • Designation: Pastelero

Por: Natalia Matamoros

/// Horas y días invierte Pedro Sequera en la elaboración de las figuras que adornan sus pasteles. Cada trazo, cada línea que dibuja los rasgos físicos de los rostros que moldea es el espejo, el hermano gemelo, la copia fiel de los personajes originales que se ven en las películas de Disney y en las series de Netflix que mantienen al público cautivo.

Pedro es un pastelero venezolano que ha desarrollado la habilidad de convertir una torta en una obra de arte. No en vano sus miles de seguidores en las redes sociales lo tildan como el “Cake Boss Criollo”, título que se ha ganado a pulso, con paciencia, dedicación y pasión por lo que hace.

Él es oriundo de Barquisimeto, estado Lara. Como muchos connacionales emigró para labrarse un futuro promisor en otras tierras. En Venezuela, el negocio de la repostería estaba en picada no solo por el alto costo de los insumos sino porque conseguirlos en el año 2016 implicaba un peregrinaje agotador por los centros de abastecimiento y formarse en filas que abarcaban hasta tres cuadras. “Había que cazar productos tan básicos como la leche y el azúcar para hacer los pasteles. Era una odisea. Además no había ganancias, apenas alcanzaba para subsistir”, cuenta.

Empacó sus maletas y con ellas y su pareja llevó consigo sus conocimientos del rubro de la repostería. Había hecho cursos de modelado y decoración de tortas. En Ciudad de México vivía su cuñada. Ella le tendió la mano pero él tenía que trabajar para mantenerse. No perdió tiempo y tuvo que poner en práctica lo aprendido y desarrollar sus destrezas. Sus inicios no fueron fáciles. Había piedras en el camino.

Madrugaba para ir a los mercados a cielo abierto a ofrecer cup cakes rellenos. Los hacía variados. Recorría de punta a punta los tianguis para convencer a la gente de que los comprara. Las ventas no fueron exitosas. De 180 ponquecitos que llevaba solo lograba vender 20. No recuperaba lo invertido. Una amiga mexicana se le acercó y le dijo: “mira para que los mexicanos te compren tienes que darles una muestra de tu producto. Ellos deben probar lo que ofreces para que se enganchen”.

Así lo hizo al día siguiente, cuando volvió a recorrer los mercados apartó de su mercancía trozos de ponqué para que la gente los probara. La cremosidad y suavidad de los cup cakes fueron calando en los paladares aztecas. También hacía la famosa tres leches, muy cotizada entre la población.

Mientras ofrecía sus dulces en la calle entregaba volantes para que los vecinos le encargaran pasteles. Empezó por hacer dos tortas al mes para darse a conocer. Una de sus creaciones rompió el molde de lo convencional. Un cliente le pidió para un agasajo de cumpleaños un pastel que recreara la emotiva película Coco. Era un reto. Había que calcar a sus personajes con sus expresiones, las arrugas de mamá Coco y su mirada baja y cansada. Lo mismo debía hacer con el aspecto gruñón de la abuela de Miguel que siempre tenía su chancla lista para bajarle dos decibeles a las travesuras del nieto. Pedro supo copiar cada detalle, cada gesto. Hasta la lengua que sacaba el perro que acompañó a  Miguel en su aventura al mundo de los muertos.

Una semana le llevó hacer el pastel. Cuando subió su creación a las redes sociales para promoverla muchos la compartieron. Tuvo tanto alcance que llegó a los directores y actores de la famosa película de Disney. Ellos, admirados por las figuras, no dudaron en compartirla. Los seguidores de Pedro se dispararon en cuestión de minutos.

Las llamadas para solicitar cotizaciones por los pasteles no cesaron. “Sin ánimos de exagerar, en un día recibí cerca de mil repiques de personas interesadas. Peguntaban cuánto costaba un pastel de esas dimensiones, con esos personajes. Ese golpe de suerte me cambió la vida”.

Desde entonces siguió dándole rienda suelta a su creatividad. Evocó con masa comestible a los personajes de Alicia en el País de las Maravillas, El Rey León, The Walking Dead, Joker, Piratas del Caribe y Shrek, entre otros.

Parte del dinero que obtiene lo invierte en ayudar a su familia en Venezuela. Su emprendimiento fue creciendo al extremo de que actualmente dicta cursos en línea sobre elaboración de cremas para pasteles, modelado a mano y decoración, así como elaboración de masa cubierta con fondant. Su meta no termina aquí. Quiere tener su pastelería y un local para formar a muchos en el oficio. “Los sueños se cumplen, solo hay que trabajar para que se concreten. No quedarse ahí. Hay que impulsar los cambios y orientarlos en función de lo que queremos”, expresa.